No, no me refiero al basket, me refiero al libro mas lleno de tópicos de la ultima década, pero aun así con humor fino y punzante.
Hernán Casciari, periodista y colaborador en varias publicaciones Argentinasy Españolas, con varios blogs muy activos y que ha recopilado en ese libro sus impresiones y desventuras con la península ibérica.
Personalmente me gustan este tipo de textos, que aunque puedan parecer lo contrario, son mas autocríticas consigo mismo que con lo que teóricamente parece querer decir………………
Se me entiende? joder! menos mal que hay gente que sabe explicarse por que lo que es el menda.


Pasaos por su blog, se explica bastante mejor que yo.
Aquí un aperitivo del prologo:
Paulatinamente empezaste a sentir cierto temor. No solamente nos quedábamos con tus mujeres, también comenzamos a quedarnos con los empleos cualificados de tus hijos y cuñados. Por tus calles, antaño, circulaba el viejo chiste: “el mejor negocio, comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree valer”. Ahora por tus calles circula otro chascarrillo, más punzante, que no te hace tanta gracia: “No le des empleo a un argentino, porque en seis meses será tu jefe”.
Ay, España, España… Hay que estar más atenta, m’hija. ¿No notaste que tus hijos, al ver a una mujer guapa, empezaban a decir “pibón”? ¿No relacionaste que esa palabra viene del lunfardo “piba”? ¿No oíste a tu juventud empezar a decir “guita” en lugar de “pelas”? Así empiezan las colonizaciones: desde los arrabales. Me extraña España, que siendo mosca no nos conozcas.
Después te mandamos a Darín envuelto para regalo, y tus mujeres empezaron a acartonar la medibacha. Cada verano, puntualmente, les damos a tus hijos una dosis de Daniela Cardone, para que se hagan la paja con carne argentina.
Nuestros triunfos han sido imperceptibles a tus ojos. Pero nosotros los festejábamos saltando de alegría en los sofás y tirando papelitos. Sabemos cuándo una publicidad de tu tele se hizo en Buenos Aires, sabemos cuándo un guionista es argentino. Hace un mes, cuando tu televisión comenzó a pasar —sin siquiera doblarlo— el spot de mayonesa Calvé, supimos que habías perdido otra batalla.
La guerra ha sido lenta, y vos también presentabas pelea: no nos dabas los alimentos básicos, España. Esa fue siempre tu estrategia. Sabés muy bien que no podemos vivir a arroz y pescado, que nos moriríamos si sólo probáramos el cocido, el pan con tomate, y los pinchos. Y vos nos dabas eso para comer. Nos dolía; sangrábamos en silencio.
No hay una puta cosa en tus panaderías que tenga dulce de leche. No sos amiga de lo dulce, España. Al hojaldre lo rellenás de atún. Al bizcochuelo de chocolate le metés… ¡chocolate líquido! Tu escasez peninsular de dulce de leche casi nos hace desistir e irnos, casi nos hace claudicar. Lo confesamos.
Pero somos como las hormigas negras; somos feroces y creativos. Entonces descubrimos que si comprábamos leche condensada y la hervíamos (con lata y todo) durante cuatro horas, teníamos un sustituto que nos daba fuerza. No era Chimbote, pero podíamos seguir respirando. Y así tuvimos, durante un tiempo, dulce de leche para seguir corroyéndote las entrañas, España.
Creció entonces la venta de leche condensada en toda la península ibérica. Un doscientos treinta por ciento. La empresa “La Lechera” volvió a tener ganancias netas después de catorce años. Pero para nosotros la lucha continuaba sin cuartel. El dulce de leche es nuestra gasolina, y no podíamos esperar cuatro horas para zamparnos una cucharada y seguir peleando por lo nuestro. Eran muchas horas, y además las ollas se nos oxidaban.
Estuvimos a punto de irnos, España. En serio. Estuvimos a ésto de dejarte en paz con tus paellas y tus corridas de toros. Hace un año nos juntamos todos en la clandestinidad: las hormigas negras, Daniela Cardone, Calamaro, todos nosotros. Votamos. Y por una pequeña mayoría decidimos aguantar un poco más.
Orsai